Por: Marcelo Trivelli Oyarzún.

Presidente Fundación Semilla.

 

Existe coincidencia respecto a que los estados de ánimo están crispados en Chile. Estamos frente a conflictos ideológicos, de poder y de egos. Lamentablemente las conductas de las personas se han ido extremando, llegando incluso a que diputados y diputadas de la República se retiraron de la cuenta pública del Presidente porque no les pareció que presentaría un proyecto de ley sobre aborto libre; lo que a nadie debiera extrañar ya que estaba comprometido en su programa de gobierno.

Cuando en una sociedad ese tipo de conductas comienzan a ser normalizadas, y la caricaturización del adversario lo convierte en enemigo, el paso siguiente es la confrontación violenta. El espiral de violencia ya comenzó, y no sabemos en qué tragedia terminará si no somos capaces de dialogar para transformar el conflicto en el que estamos inmersos.

Hemos ido construyendo una sociedad fragmentada en contraposición a una sociedad integrada. Vivimos realidades diferentes y desconectadas entre sí. Cada fragmento es endogámico y existen muy pocos espacios institucionales y territoriales que favorezcan la cohesión social. Chile carece hoy de un proyecto común y pareciera que lo único que nos une es la bandera.

El Centro Nansen para la Paz y el Diálogo, Lillehammer, Noruega dicen que “el diálogo es una forma de comunicación que ofrece tiempo y espacio para que las personas puedan mostrar la complejidad de sus respectivas realidades”.

Muchas veces confundimos diálogo con negociación. El diálogo sincero y eficaz se enfoca a conocer los dolores y sueños del otro; compartir las historias y procesar las desconfianzas; abrirse a la posibilidad de que uno no es poseedor de toda la verdad.

Dialogar es un proceso, un camino con destino desconocido, hacerlo significa abrirse a entender al otro más que intentar convencer. Por ello decimos que dialogar es para valientes.

Todas las comunidades, desde las más pequeñas hasta las más grandes y diversas, enfrentan a diario el desafío de dialogar para superar sus conflictos y avanzar en cohesión. Ambas condiciones son esenciales para el bienestar y buena calidad de vida de sus miembros.

Fundación Semilla se desenvuelve en el ámbito educativo y son los establecimientos educacionales nuestro campo de acción. Los conflictos son de variados orígenes y características, y hemos logrado buenos resultados en resolución de conflictos y superación de crisis acompañando a las comunidades en diálogos participativos, siempre con sentido pedagógico.

Una charla o una jornada de reflexión no resuelve un conflicto; pero pueden dar un respiro en medio de una crisis, pero no es más que eso: un respiro. Las intervenciones puntuales dan una falsa seguridad de solución. Sólo un diálogo permanente, sincero y eficaz es capaz de ser transformador.